Mucha-Gente
04-mar-2006, 20:34
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Cuatro meses después, Rafael Nadal volvió a rodar por los suelos henchido de felicidad tras imponerse al suizo Roger Federer por 2-6, 6-4 y 6-4 en la final del torneo de Dubai y cortar así la racha de 16 victorias del número uno del mundo en pista rápida. Este es el primer título de Nadal en el 2006 y el 13º de su carrera. Éste es el segundo torneo que juega el manacorí este temporada. Hace dos semanas llegó a las semifinales de Marsella.
A Roger Federer le faltaban argumentos al final del partido para explicar la derrota. Simplemente se resignaba ante la estadística: Nadal le ha ganado tres de sus cuatro enfrentamientos. A la media hora de partido no se podía imaginar ni por asomo que no levantaría el trofeo de campeón. El 6-2 de la primera manga evidenciaba que el suizo había pasado por encima de Rafa Nadal, impotente ante el caudal desbocado de juego del número uno del mundo. Ni un "¡Vamos!" a los cuatro vientos, acompañado del puño en alto, había brindado el manacorí. Se mostraba contrariado con su juego. Hasta el tercer juego del segundo set no consiguió sumar el 30 en su tanteador, al resto.
Federer pasa mucho tiempo en los Emiratos Árabes Unidos, viviendo en un hotel, porque allí rezuma tranquilidad para entrenar. El hecho de 'jugar en casa' propició una salida en tromba. Cuatro meses de inactividad y un sólo torneo disputado en 2006 parecían pasar factura a Nadal. El número dos del mundo jugaba dos metros fuera de la pista (los mismos que su rival dentro de ella), mandaba demasiadas bolas cortas y el abuso del suizo hacia su revés provocaba un exceso de errores no forzados. La efectividad de Federer en sus primeros (90%) y sus 10 golpes ganadores, por ninguno de su rival, decantaban claramente la balanza. El 3-0 inicial fue una losa que Nadal capeó como pudo. La imagen de la resignación fue Nadal cambiando su raqueta porque había roto las cuerdas.
En el segundo set, el milagro se obró para regocijo de los muchos seguidores españoles presentes en la grada. El saque comenzó a perder veneno en el suizo. De los seis 'aces' del primer set se quedó en uno. Esa debilidad coincidió con el crecimiento en el juego de Nadal. Comenzaba a sacar mejor (75% en el segundo set), restar con profundidad. Su poderoso brazo izquierdo volvía celebrar sus puntos. La garra, la perseverancia y el esfuerzo derivaron en tres bolas de 'break' en el noveno juego del segundo set, que no perdonó. La moneda caía ahora del lado del español. Federer sufría y sudaba, hasta el punto de tener que cambiarse su camiseta. El juego sencillo de saque-volea, alguna derecha entre medias, del suizo se había acabado. Los peloteos se alargaban y la derecha ganadora hablaba español.
La trayectorias se cruzaban. Federer asistía impotente a su caída mientras contemplaba preocupado la explosión de su rival. Su sonrisa plácida al servicio (en el primer set los ganaba en blanco o con 40-15) terció en sudores fríos cuando Nadal conseguía romperle el servicio en el primer juego del tercer set. Esta última manga ambos esgrimieron hasta el límite su esfuerzo, deleitando al personal con intensos y duros intercambios de golpes. Federer devolvía el 'break' para hacer de la igualdad el dogma imperante. No es fácil ver temblar la muñeca del número uno del mundo y eso es lo que pasó en el noveno juego. Se jugó una derecha ganadora, y la falló. El mazazo psicológico fue demoledor. Nada más secarse el sudor de su frente tenía en contra tres bolas de partido.
Una hora y 20 minutos después de torcer el gesto, Nadal envolvía su rostro bañado por las lágrimas en la toalla. Con un tenis lleno de garra, energía y calidad había dado la vuelta al partido. Sin noticias de su malherido tobillo izquierdo, conseguía su décimotercer título y frenaba en seco una racha que iba camino de leyenda: Federer llevaba 16 víctorias consecutivas y nueve finales seguidas. Una más lleva Nadal ganadas consecutivamente, pero mantiene los pies en el suelo. "Roger es el mejor de la historia con toda seguridad. Este torneo ha sido inolvidable para mí y ganarlo ante Federer es siempre especial. no tengo palabras", afirmó. Precisamente sin palabras dejó al suizo: "Rafa ha sido indiscutiblemente mejor. Este partido se repetirá en el futuro". Es su consuelo.
Saludos.
Cuatro meses después, Rafael Nadal volvió a rodar por los suelos henchido de felicidad tras imponerse al suizo Roger Federer por 2-6, 6-4 y 6-4 en la final del torneo de Dubai y cortar así la racha de 16 victorias del número uno del mundo en pista rápida. Este es el primer título de Nadal en el 2006 y el 13º de su carrera. Éste es el segundo torneo que juega el manacorí este temporada. Hace dos semanas llegó a las semifinales de Marsella.
A Roger Federer le faltaban argumentos al final del partido para explicar la derrota. Simplemente se resignaba ante la estadística: Nadal le ha ganado tres de sus cuatro enfrentamientos. A la media hora de partido no se podía imaginar ni por asomo que no levantaría el trofeo de campeón. El 6-2 de la primera manga evidenciaba que el suizo había pasado por encima de Rafa Nadal, impotente ante el caudal desbocado de juego del número uno del mundo. Ni un "¡Vamos!" a los cuatro vientos, acompañado del puño en alto, había brindado el manacorí. Se mostraba contrariado con su juego. Hasta el tercer juego del segundo set no consiguió sumar el 30 en su tanteador, al resto.
Federer pasa mucho tiempo en los Emiratos Árabes Unidos, viviendo en un hotel, porque allí rezuma tranquilidad para entrenar. El hecho de 'jugar en casa' propició una salida en tromba. Cuatro meses de inactividad y un sólo torneo disputado en 2006 parecían pasar factura a Nadal. El número dos del mundo jugaba dos metros fuera de la pista (los mismos que su rival dentro de ella), mandaba demasiadas bolas cortas y el abuso del suizo hacia su revés provocaba un exceso de errores no forzados. La efectividad de Federer en sus primeros (90%) y sus 10 golpes ganadores, por ninguno de su rival, decantaban claramente la balanza. El 3-0 inicial fue una losa que Nadal capeó como pudo. La imagen de la resignación fue Nadal cambiando su raqueta porque había roto las cuerdas.
En el segundo set, el milagro se obró para regocijo de los muchos seguidores españoles presentes en la grada. El saque comenzó a perder veneno en el suizo. De los seis 'aces' del primer set se quedó en uno. Esa debilidad coincidió con el crecimiento en el juego de Nadal. Comenzaba a sacar mejor (75% en el segundo set), restar con profundidad. Su poderoso brazo izquierdo volvía celebrar sus puntos. La garra, la perseverancia y el esfuerzo derivaron en tres bolas de 'break' en el noveno juego del segundo set, que no perdonó. La moneda caía ahora del lado del español. Federer sufría y sudaba, hasta el punto de tener que cambiarse su camiseta. El juego sencillo de saque-volea, alguna derecha entre medias, del suizo se había acabado. Los peloteos se alargaban y la derecha ganadora hablaba español.
La trayectorias se cruzaban. Federer asistía impotente a su caída mientras contemplaba preocupado la explosión de su rival. Su sonrisa plácida al servicio (en el primer set los ganaba en blanco o con 40-15) terció en sudores fríos cuando Nadal conseguía romperle el servicio en el primer juego del tercer set. Esta última manga ambos esgrimieron hasta el límite su esfuerzo, deleitando al personal con intensos y duros intercambios de golpes. Federer devolvía el 'break' para hacer de la igualdad el dogma imperante. No es fácil ver temblar la muñeca del número uno del mundo y eso es lo que pasó en el noveno juego. Se jugó una derecha ganadora, y la falló. El mazazo psicológico fue demoledor. Nada más secarse el sudor de su frente tenía en contra tres bolas de partido.
Una hora y 20 minutos después de torcer el gesto, Nadal envolvía su rostro bañado por las lágrimas en la toalla. Con un tenis lleno de garra, energía y calidad había dado la vuelta al partido. Sin noticias de su malherido tobillo izquierdo, conseguía su décimotercer título y frenaba en seco una racha que iba camino de leyenda: Federer llevaba 16 víctorias consecutivas y nueve finales seguidas. Una más lleva Nadal ganadas consecutivamente, pero mantiene los pies en el suelo. "Roger es el mejor de la historia con toda seguridad. Este torneo ha sido inolvidable para mí y ganarlo ante Federer es siempre especial. no tengo palabras", afirmó. Precisamente sin palabras dejó al suizo: "Rafa ha sido indiscutiblemente mejor. Este partido se repetirá en el futuro". Es su consuelo.
Saludos.